Big David: “La música me ha dado la oportunidad de expresarme, de poner mis pensamientos en las canciones”

Desde La Cisterna, el artista callejero, humorista y ahora músico David Silva, conocido anteriormente por su seudónimo «El Papaya», comparte su trayectoria en el mundo de las artes. En el marco del lanzamiento de su primer single con videoclip, el artista aborda, en entrevista, temas relacionados con la salud mental, el oficio del espectáculo y cómo la música ha sido un salvavidas en los momentos más difíciles.

Big David (alias el Papaya) vuelve a los escenarios como el nuevo exponente de la música urbana nacional

Mimo, aprendiz y viajero; David Silva, de 40 años, más conocido por su seudónimo “El Papaya”, se destacó por su carrera como uno de los miembros fundadores del cuarteto humorístico Fusión Humor. Ahora, tras un largo tiempo fuera de los escenarios, David busca volver pero esta vez reinventando su carrera artística profesional hacia la música urbana. Bajo el nuevo seudónimo de Big David, el ex humorista busca concretar aquella añoranza de interiorizarse en la música que guardaba desde los 13 años, pero que hoy puede comenzar a explorar en plenitud.

Su incursión en el mundo del arte comenzó cuando estudiaba teatro, donde conoció a un compañero que le enseñó el oficio de mimo. Fascinado por este personaje, entrenó de manera autodidacta y perfeccionó sus técnicas en el circo callejero hasta que se sintió preparado para viajar presentando su espectáculo en diversas localidades de Chile. Esta experiencia lo llevó a encontrarse con Adrián Correa, Julio Canelo y Diddier Marín, conocidos como Cebolla, Rulo y Bodoque respectivamente. Juntos formarían Fusión Humor, un cuarteto que comenzó en las calles de Viña del Mar, combinando distintas artes escénicas.

En 2012, el grupo humorístico saltó desde la calle hasta las pantallas de televisión y desde allí, por cuatro años, su carrera se mantuvo firme y en ascenso logrando llegar al Festival del Huaso de Olmué en 2016. Sin embargo, a pesar del éxito y la fama, en 2017 David Silva decidió retirarse de los escenarios debido a problemas de salud mental, también relacionados con su rol como representante legal del grupo.

En entrevista, Big David relata sobre el agotamiento mental y emocional que lo llevó a alejarse, las enseñanzas adquiridas durante los años y su incursión en la música. Ahora, da un paso hacia su carrera en solitario con su nuevo sencillo, «Chico Sonriente«, que será lanzado el 17 de marzo de este año, marcando el inicio de un nuevo capítulo en su trayectoria artística.

Tu carrera en el arte y el espectáculo partió con el teatro de calle ¿siempre te gustó este tipo de oficio?

La verdad es que conocí el teatro de calle mientras estudiaba teatro en los Leones. Un compañero llamado Nelson Uribe me mostró el personaje del mimo, a mí me gustó mucho su vestuario y la presencia que tenía así que le pedí que me enseñara algunas técnicas para trabajar el personaje y no lo solté más.

Me volví autodidacta, empecé a estudiar por mi cuenta, buscando vídeos y otras técnicas, fue todo un proceso que me permitió crecer en este arte. Cuando ya estaba terminado de estudiar, iba al paseo Ahumada y me quedaba toda la tarde viendo mimos, hasta que un día me paré, me pinté y me puse afuera del Banco Estado, ¡y no junté a nadie! apenas unas 10 personas e incluso les pedís disculpas y les expliqué que estaba recién comenzando. Fue mi primera tragedia artística, pero me sirvió para seguir buscando y mejorando. Empecé a trabajar en otros lugares y a abrirme camino en el mundo del espectáculo callejero.

¿Y así conociste a tus compañeros de Fusión Humor?

Si y no. Viajé mucho en ese tiempo con el Mimo Lois con quién aprendí mucho. Cuando volví, tenía todo ese fuego, todo ese ritmo agarrado. Entonces, yo ya sabía lo que estaba haciendo, estaba trabajando feliz en la calle y me había ganado un lugar. En toda esta vuelta de viajes los conocí a todos, y empecé a trabajar con Didier. Adrián y Rulo estaban en Brasil y cuando volvieron llamaron a Didier y nos fuimos todos a trabajar a Pichilemu. Ahí todavía no éramos un grupo pero sí se empezó a formar el engranaje.

Después Mauricio Medina quiso hacer un proyecto en una carpa y los chiquillos me invitaron a participar porque creían que podía ser el cuarto integrante que encajaba en eso. A la carpa no le fue muy bien pero ahí ya nos conformamos como Fusión Humor y empezamos a trabajar en la calle. El resto es historia.

¿Y después de ese tiempo con el grupo, cómo fue tu transición hacia la música?

Antes de meterme al teatro, yo estuve haciendo rap cuando tenía unos 12 o 13 años. Y después de toda esa vuelta al humor, hace un par de años, conocí a un barbero en La Florida que me introdujo de nuevo a la música. Siempre me había gustado el rap, su esencia, su cultura. Con los chicos, comencé a escribir letras, pero al principio se reían de mí porque no creían que me lo tomaba en serio. Un día les mostré una letra y me dijeron que ya, que estaba súper buena. Empecé a grabar en un estudio, y todo se abrió, conocí mucha gente y empecé a hacer música.

¿Entonces el mimo te ayudó a hacer la transición a la música?

Sí, el hecho de estar en el escenario, de tener esa base como maestro de ceremonias, me ayudó mucho. Tuve la oportunidad de manejar el público, saber cómo interactuar con ellos, desde el mimo, el payaso, el humorista, todo eso fue clave. Ya sabía cómo manejar el escenario y a la gente, lo cual me ayudó cuando empecé con la música.Y lo que más me gusta es la conexión con el público. El mimo me enseñó a trabajar con la gente, a hacerlos sentir. La música es solo una extensión de todo lo que he aprendido en el escenario. Al final, lo que busco es compartir esa energía, esa pasión. Lo hago de la misma forma que hacía mis rutinas en la calle, solo que ahora con mi música.

Y ¿cómo empiezas a crear tus canciones?

Particularmente Chico Sonriente empezó con la improvisación. Empecé escribiendo lo que sentía, lo que estaba viviendo en ese momento. Pero antes de este tema escribí uno que se llama Fénix, pero ese es más crudo, oscuro y Chico Sonriente es como florecer después de un proceso malo, fome y difícil. Mientras más componía, más entendía lo que quería transmitir. Cuando me sentí cómodo, empecé a grabar y a componer de manera más fluida.

¿Qué hay detrás de la letra de tu single?

Lo primero es la improvisación, escuchar una base y empezar a escribir lo que estaba pasando en ese momento. Todo tiene que ver con lo que siento. Chico Sonriente nació de esa necesidad de expresarme, de transmitir lo que pasaba en mi vida. Y ahí le puse lo de “camino entre serpientes” porque para mi fue cruzar un puente, fue salir de una zona mala a algo mejor, y para pasar a eso mejor te tienes que enfrentar a muchas cosas, a tus miedos, a tus conflictos internos, a tus problemas, y de eso habla el tema en sí, de que cuando pasas la barrera del miedo se abre un abanico de posibilidades. Es un tema que tiene una vibra más positiva. Fénix, por otro lado, es más oscuro, más introspectivo. La música me ha dado la oportunidad de expresar todo eso, de poner mis pensamientos en las canciones.

¿Cómo se ha dado la dinámica de trabajo en este nuevo rubro?

Bueno, de a poquito estoy metiendo mi puntito de historia en medio de este mundo que para mí es nuevo, porque lo musical es algo totalmente diferente a lo que hacía. He aprendido un montón de conceptos y el trabajo en equipo también ha sido clave. Estoy rodeado de un equipo de trabajo muy sólido y hay un aspecto muy profesional que es parte de lo que estoy aprendiendo, entregándome totalmente.

Y ahora, en este tiempo, ¿cuáles han sido tus influencias musicales?

Canserbero, lo escucho harto, me gusta su letra, es muy profunda, tiene un concepto muy directo, también me gusta mucho el discurso que da, la esencia del ser. Conserva lo latino, que me gusta mucho. Ocupamos influencias musicales para Chico Sonriente de Cypress Hill. También tengo influencias extranjeras, Eminem también es uno de mis referentes y de los grupos chilenos, me gusta mucho Arte Elegante y Chamanes.

Pero en realidad el trabajo que estamos haciendo es un trabajo orgánico. Queremos jugar, no estamos cerrados a ninguna posibilidad. Sabemos lo que tenemos a mano y estamos trabajando con eso al cien. Entonces todo lo que va apareciendo, lo vamos a ir incluyendo. Yo mantengo mi estilo de rap pero puedo rapear sobre cualquier base, ya sea de cumbia o de mambo o etcétera. Y los chicos han tomado con respeto lo que les dije de que para mi esto es serio. Yo le estoy dedicando mucho tiempo y amor a esto.

¿Con quién te gustaría compartir escenario si se diera la posibilidad?

Guachupé, es una de mis bandas favoritas y también con el Macha, sería espectacular hacer un tema con él. Internacionalmente, miraría algo así como una banda que comparta la energía, pero si hablamos de rap, me gustaría hacer un tema con Tiro de Gracia o con Saturno, ambos son mis referentes. Más en el tema urbano me gustaría hacer algo con Byron Fire, y si me voy más allá sería con Arcángel. De las mujeres chilenas que me gustan mucho trabajaría con Flor de Rap, Denisse Rosenthal o Ana Tijoux. Aunque sería feliz de hacer música con quien sea.

¿Cómo definirías este momento como músico?

Con una palabra: aprendizaje. Siempre he pensado que estoy en constante aprendizaje. El enfoque que tengo es que no me detengo por nada, si tengo que levantarme temprano, lo hago. Agradezco todos los días poder entrenar, poder estar haciendo lo que me gusta y la verdad es que mi motivación inicial fue salir de un lugar difícil, de la depresión y eso, y la música me ayudó. También aprendí a tocar instrumentos, y eso fue como terapia para mí. Hoy tengo muchas letras guardadas, muchas ideas.

¿Qué se viene para el primer trimestre?

Con Chico Sonriente estamos trabajando en un videoclip. Lo grabamos cerca de la casa de mis papás, para conectar con mi entorno. Queremos mostrar ese lado, lo que somos. Queremos transmitir desde adentro hacia afuera, mi entorno, mi infancia, la feria, mi colegio, mostrando lo real y lo que soy yo hoy.

¿Y el video?¿Fue algo fácil de hacer?

La verdad, fue todo muy autogestionado. Fue un trabajo de equipo, con mucha colaboración y esfuerzo. Grabamos en un solo día, pero la preparación fue clave. Todo el proceso creativo, las locaciones, el concepto, la ropa… Fue todo muy orgánico, muy real, como un reflejo de mi vida. Aparecen mis familiares, vecinos y amigos. Además, tiene un toque mágico y de sincronía con el universo. Todos colaboraron de manera voluntaria, y eso me parece lo más destacable.

Mirando hacia atrás toda tu trayectoria artística ¿qué puedes rescatar de ella?

Agradezco todo el tiempo que pasé en Fusión Humor. Lo que aprendí con los chicos fue muy valioso, fue un trabajo en conjunto. Cada uno de ellos era muy talentoso y aprendí mucho de esa experiencia que me ayudó a crecer. Tener ese feedback con la gente, estar en el escenario frente a miles de personas y mantener la calma, eso también me ayudó a mejorar. Ahora, lo veo de una forma más madura, porque antes quería hacer todo rápido y me impulsaba la ansiedad. Ahora sé que los fracasos son parte del camino y es necesario aprender de ellos.

La gente tiende a juzgar, pero yo he aprendido a aceptar esos comentarios con calma. Al final, lo importante es que yo esté bien. Mi salud mental y mi familia son lo primero, no pondría la fama ni el dinero por encima de eso. Mi hijo toca música, mi hija juega muy bien al fútbol, y esas son cosas que no quiero perderme. La música me ha permitido estar más cerca de ellos y no forzar nada. Si surge algún problema, lo resuelvo y la familia siempre está ahí. Como decía Toretto, «la familia es lo más importante».