La nueva temporada alta de Santiago ya no depende de las vacaciones

Fechas como Black Friday, Navidad y el verano escolar activan flujos de viajeros regionales que llegan a la capital con un objetivo claro: comprar. Desde la hotelería urbana ya observan un cambio estructural en la forma de viajar.
El turismo urbano en Santiago comienza a mostrar una transformación silenciosa. Junto al viajero corporativo y al turista tradicional, emerge con fuerza un nuevo perfil: el de quienes cruzan la frontera impulsados principalmente por el consumo. El llamado turismo de compras deja de ser anecdótico y empieza a consolidarse como un patrón reconocible, con impacto real en la dinámica hotelera.

Desde Courtyard Santiago Las Condes by Marriott, este fenómeno se observa con claridad en momentos muy específicos del año: Día de la Madre, Black Friday, la previa a Navidad y la temporada de verano, especialmente asociada a la compra de vestuario y artículos escolares. A medida que se aproximan estas fechas, la operación hotelera comienza a anticipar un comportamiento distinto, marcado por alzas de demanda que responden más al calendario comercial que al turístico.
El perfil predominante es mayoritariamente argentino y responde a una planificación precisa. No se trata de escapadas improvisadas ni de paquetes tradicionales, sino de viajes diseñados en torno a hitos comerciales concretos. La estadía suele ser breve, intensa y orientada a maximizar el tiempo disponible para comprar, con agendas cerradas incluso antes de cruzar la frontera.
Este comportamiento, que se repite año a año, empieza a modificar la manera en que la hotelería proyecta sus temporadas. Ya no solo pesan las vacaciones, los fines de semana largos o los eventos corporativos. Las fechas comerciales entran en la ecuación como verdaderos gatilladores de demanda, capaces de generar momentos de alta ocupación claramente identificables en la operación.
En este contexto, la ubicación se vuelve un activo estratégico. La cercanía con polos comerciales, zonas financieras y principales ejes de conectividad transforma al hotel en una base funcional para este tipo de estadías, donde la eficiencia pesa tanto como la experiencia. El hotel deja de ser solo un lugar de descanso y pasa a integrarse en la lógica del viaje, acompañando una agenda marcada por el aprovechamiento del tiempo y la optimización de recorridos.
Más que una moda pasajera, el turismo de compras empieza a perfilarse como un motor estacional con efectos estructurales en la hotelería urbana. Mientras Chile mantenga condiciones competitivas en precios, oferta y conectividad regional, este tipo de viaje seguirá ganando protagonismo, revelando una nueva manera de moverse por la región.
Desde el hotel declaran que hoy se observa una nueva forma de viajar en la región: el cruce de fronteras ya no responde únicamente al turismo, sino también a oportunidades concretas de desarrollo. Se trata de una movilidad económica regional en la que la hotelería se posiciona como uno de los primeros sectores donde este cambio se vuelve visible.
