Verano sin colegio: el aprendizaje también ocurre fuera del aula

  • Viajes, campamentos y experiencias cotidianas convierten las vacaciones en un laboratorio de aprendizaje informal que desafía el rol tradicional de la escuela.

Las vacaciones de verano no implican una pausa en el aprendizaje de niños, niñas y adolescentes. Por el contrario, especialistas en educación advierten que este período cumple un rol clave en el desarrollo de habilidades sociales y emocionales que resultan fundamentales para la vida escolar y personal.

Durante las vacaciones el aprendizaje no se suspende, solo cambia de escenario. Es un tiempo especialmente valioso para fortalecer habilidades que no siempre se desarrollan con la misma intensidad en la escuela, como la autonomía, la adaptabilidad, la empatía o la resolución de conflictos”, explica Paula López Chacón, rectora del colegio Manquecura Ciudad de los Valles.

Estas experiencias, muchas veces menos visibles, permiten que niños y jóvenes se enfrenten a contextos nuevos, interactúen de manera distinta y aprendan desde la experiencia directa. En ese sentido, el verano no debe entenderse como un tiempo perdido, sino como una oportunidad para aprender de otra forma y desarrollar aprendizajes profundamente ligados a la vida cotidiana.

Este escenario abre también una reflexión relevante para el sistema educativo actual: si hoy se aprende en todas partes y el acceso a la información es cada vez más amplio, ¿qué valor diferencial debe ofrecer la experiencia escolar para seguir siendo significativa?

“El verdadero valor de la escuela no está solo en la entrega de contenidos, sino en lo que ocurre dentro de la sala de clases: aprender a pensar, a dialogar, a reflexionar y a convivir con otros. La experiencia escolar es clave en la formación integral de las personas, en su desarrollo moral, emocional y social, y en la construcción de identidad”, explica Paula López Chacón.

En este contexto, instituciones como Manquecura Ciudad de los Valles parte de la red Cognita buscan acompañar y potenciar el aprendizaje que ocurre fuera del aula, reconociendo el rol fundamental de las familias y validando que el aprendizaje también se construye en viajes, paseos, deportes y en la vida cotidiana.

Más que escolarizar las vacaciones, el objetivo es integrar estas experiencias al proceso educativo de manera consciente y significativa, fortaleciendo la continuidad del aprendizaje más allá del calendario académico.

El mensaje para las familias es claro, no se trata de llenar el verano de actividades estructuradas o tareas, sino de encontrar un equilibrio entre experiencias, curiosidad y descanso. Los niños aprenden cuando juegan, cuando viajan, cuando conversan, cuando exploran e incluso cuando descansan o se aburren. Son aprendizajes menos visibles, pero no menos importantes, porque son aprendizajes para la vida.

Porque el aprendizaje no ocurre solo dentro de la sala de clases: la vida cotidiana también es una gran escuela.