El puerto USB-C es declarado universal en Chile ¿Cuál es su historia?

Dos años después que el paso dado por la Unión Europea, el Gobierno publicó el reglamento que otorga calidad de “estándar” al puerto que está presente en una gran cantidad de dispositivos.

Chile acaba de dar un importante avance en el ámbito de normativas tecnológicas, luego de publicar en el Diario Oficial la norma que establece al puerto USB-C como el estándar a nivel nacional. Si bien el propósito de la iniciativa en Chile apunta principalmente a cargadores, a nivel de conectores el mundo -y la industria- también han intentado consolidar ciertos estándares, y desde hace varias décadas.

Francisco Silva, Country Manager Chile-Perú de Kingston Technology, comenta que “a diferencia de lo que ocurre hoy, en aquella época no existía inteligencia de software para reconocer hardware, y los usuarios debían configurar manualmente direcciones de memoria e interrupciones (IRQ) para que el computador detectara un nuevo dispositivo”.

Con el cambio de milenio, el primer USB trajo cierto alivio, pero la explosión de la movilidad entre 2000 y 2015 creó un nuevo tipo de estándar de mercado: la fragmentación de conectores pequeños. Mientras los computadores se estandarizaban alrededor de USB-A, los dispositivos portátiles se convirtieron en un campo de batalla. El Mini-USB —robusto, pero pese a su nombre, voluminoso— dominó primero cámaras digitales y los primeros reproductores MP3.

Hacia 2007, la industria impulsó una miniaturización aún mayor y el nuevo Micro-USB se convirtió en el estándar para la mayoría de los smartphones Android y accesorios durante casi una década. En ese período también surgieron intentos específicos como el USB 3.0 Micro-B —un conector ancho y peculiar común en discos duros externos—que prometía velocidad, pero ofrecía una experiencia frágil y confusa.

Entre 2010 y 2015, la industria persiguió alto rendimiento, lo que resultó en alternativas poderosas pero excluyentes. Por un lado, entró en escena el formato FireWire (IEEE 1394), muy superior al USB 2.0 para edición de video, pero que requería cables costosos y difíciles de encontrar. Por otro, surgieron las primeras versiones de Thunderbolt, usando el formato Mini DisplayPort y prometiendo altas velocidades, mientras el usuario promedio aún luchaba por identificar qué cable Micro-USB servía para carga y cuál para transferencia de datos. Fue un período de “islas tecnológicas”, donde tener el dispositivo más reciente a menudo significaba aislamiento por falta de adaptadores compatibles.

Solo después de 2015 el mercado comenzó a entender que la versatilidad no podía venir a costa de la conveniencia. Esto llevó al surgimiento de USB-C, que llegó para reemplazar efectivamente todas las variantes anteriores, ofreciendo por primera vez un conector reversible capaz de cargar una laptop o transmitir video en alta definición bajo el mismo protocolo. Sin embargo, esta transición dejó atrás muchos dispositivos “huérfanos”. Millones aún dependen de USB-A, mientras que los más nuevos exigen USB-C. Es precisamente para resolver esta dualidad histórica que Kingston desarrolló el DataTraveler Duo.

El DT Duo no es solo una memoria USB, sino un mediador en un conflicto generacional de hardware. Al integrar tanto el conector tradicional USB-A como el moderno USB-C en un diseño deslizante, permite una transición fluida entre pasado y futuro”, explica Francisco Silva.

Los usuarios pueden extraer datos de un servidor antiguo o un televisor de 2010 y transferirlos instantáneamente a un iPad Pro o a la última MacBook, por ejemplo. Con el rendimiento de USB 3.2 Gen 1, Kingston garantiza que, aunque el camino hacia puertos universales tomó décadas, la forma en que movemos archivos hoy finalmente es universal.

El DataTraveler Duo no solo se enfoca en compatibilidad, sino también en utilidad inmediata para el flujo de trabajo. Ofrece velocidades de transferencia significativamente más rápidas que USB 2.0, asegurando agilidad al acceder a documentos, fotos y videos. Está disponible en versiones de 128GB y 256GB, cubriendo desde transferencias ligeras de documentos hasta bibliotecas completas de medios. Es ideal para profesionales que necesitan extraer reportes de sistemas heredados (USB-A) y revisarlos al instante en tablets o laptops modernas (USB-C), o para fotógrafos que desean descargar archivos desde un escritorio y compartirlos rápidamente mediante un smartphone.

Esta versatilidad es especialmente relevante en entornos corporativos, donde los sistemas heredados aún conviven con dispositivos modernos. Al integrar pasado y futuro en un solo dispositivo, Kingston asegura que la transición hacia un estándar universal sea finalmente simple, eficiente y sin fricciones.

Para más información visita kingston.com/es

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Dos años después que el paso dado por la Unión Europea, el Gobierno publicó el reglamento que otorga calidad de “estándar” al puerto que está presente en una gran cantidad de dispositivos.

Chile acaba de dar un importante avance en el ámbito de normativas tecnológicas, luego de publicar en el Diario Oficial la norma que establece al puerto USB-C como el estándar a nivel nacional. Si bien el propósito de la iniciativa en Chile apunta principalmente a cargadores, a nivel de conectores el mundo -y la industria- también han intentado consolidar ciertos estándares, y desde hace varias décadas.

Francisco Silva, Country Manager Chile-Perú de Kingston Technology, comenta que “a diferencia de lo que ocurre hoy, en aquella época no existía inteligencia de software para reconocer hardware, y los usuarios debían configurar manualmente direcciones de memoria e interrupciones (IRQ) para que el computador detectara un nuevo dispositivo”.

Con el cambio de milenio, el primer USB trajo cierto alivio, pero la explosión de la movilidad entre 2000 y 2015 creó un nuevo tipo de estándar de mercado: la fragmentación de conectores pequeños. Mientras los computadores se estandarizaban alrededor de USB-A, los dispositivos portátiles se convirtieron en un campo de batalla. El Mini-USB —robusto, pero pese a su nombre, voluminoso— dominó primero cámaras digitales y los primeros reproductores MP3.

Hacia 2007, la industria impulsó una miniaturización aún mayor y el nuevo Micro-USB se convirtió en el estándar para la mayoría de los smartphones Android y accesorios durante casi una década. En ese período también surgieron intentos específicos como el USB 3.0 Micro-B —un conector ancho y peculiar común en discos duros externos—que prometía velocidad, pero ofrecía una experiencia frágil y confusa.

Entre 2010 y 2015, la industria persiguió alto rendimiento, lo que resultó en alternativas poderosas pero excluyentes. Por un lado, entró en escena el formato FireWire (IEEE 1394), muy superior al USB 2.0 para edición de video, pero que requería cables costosos y difíciles de encontrar. Por otro, surgieron las primeras versiones de Thunderbolt, usando el formato Mini DisplayPort y prometiendo altas velocidades, mientras el usuario promedio aún luchaba por identificar qué cable Micro-USB servía para carga y cuál para transferencia de datos. Fue un período de “islas tecnológicas”, donde tener el dispositivo más reciente a menudo significaba aislamiento por falta de adaptadores compatibles.

Solo después de 2015 el mercado comenzó a entender que la versatilidad no podía venir a costa de la conveniencia. Esto llevó al surgimiento de USB-C, que llegó para reemplazar efectivamente todas las variantes anteriores, ofreciendo por primera vez un conector reversible capaz de cargar una laptop o transmitir video en alta definición bajo el mismo protocolo. Sin embargo, esta transición dejó atrás muchos dispositivos “huérfanos”. Millones aún dependen de USB-A, mientras que los más nuevos exigen USB-C. Es precisamente para resolver esta dualidad histórica que Kingston desarrolló el DataTraveler Duo.

El DT Duo no es solo una memoria USB, sino un mediador en un conflicto generacional de hardware. Al integrar tanto el conector tradicional USB-A como el moderno USB-C en un diseño deslizante, permite una transición fluida entre pasado y futuro”, explica Francisco Silva.

Los usuarios pueden extraer datos de un servidor antiguo o un televisor de 2010 y transferirlos instantáneamente a un iPad Pro o a la última MacBook, por ejemplo. Con el rendimiento de USB 3.2 Gen 1, Kingston garantiza que, aunque el camino hacia puertos universales tomó décadas, la forma en que movemos archivos hoy finalmente es universal.

El DataTraveler Duo no solo se enfoca en compatibilidad, sino también en utilidad inmediata para el flujo de trabajo. Ofrece velocidades de transferencia significativamente más rápidas que USB 2.0, asegurando agilidad al acceder a documentos, fotos y videos. Está disponible en versiones de 128GB y 256GB, cubriendo desde transferencias ligeras de documentos hasta bibliotecas completas de medios. Es ideal para profesionales que necesitan extraer reportes de sistemas heredados (USB-A) y revisarlos al instante en tablets o laptops modernas (USB-C), o para fotógrafos que desean descargar archivos desde un escritorio y compartirlos rápidamente mediante un smartphone.

Esta versatilidad es especialmente relevante en entornos corporativos, donde los sistemas heredados aún conviven con dispositivos modernos. Al integrar pasado y futuro en un solo dispositivo, Kingston asegura que la transición hacia un estándar universal sea finalmente simple, eficiente y sin fricciones.

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