FICValdivia presenta su Selección Oficial 2026

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A pocas semanas de comenzar la versión número 33, el Festival Internacional de Cine de Valdivia (FICValdivia) anuncia la programación de toda la Selección Oficial más el Film de Apertura, Film Central y Film de Clausura, espacios dedicados a exhibir grandes estrenos de cine contemporáneo.
El 33° Festival Internacional de Cine de Valdivia presenta su Selección Oficial 2026, que reúne películas de distintos países y propuestas que abordan la memoria, la identidad, los afectos y las transformaciones sociales, desde el documental, la ficción y la experimentación audiovisual. La nueva edición, que se realizará del 12 al 18 de octubre, y traerá más de 200 películas, anuncia además sus películas de Apertura, Central y Clausura, junto con las distintas competencias que serán parte del festival.
La película que dará inicio al festival será An Incomplete Calendar, de la cineasta y artista visual iraní Sanaz Sohrabi, una obra que reconstruye la historia de la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y los complejos procesos de descolonización que han marcado a sus países miembros. A través de archivos televisivos, registros caseros, diseños postales, fotografías y discursos, Sohrabi construye un ensayo visual sobre colonialismo, identidad y soberanía, que adquiere especial urgencia frente a la contingencia política internacional. Como Film Central se presentará What Can’t Be Mentioned, del estadounidense Dan Sallitt, cineasta invitado a FICValdivia en 2019, quien retoma en esta nueva película a Jackie, protagonista de The Unspeakable Act, ahora cercana a los treinta años y enfrentada a nuevas circunstancias que vuelven a poner en tensión sus vínculos afectivos y familiares.
El Film de Clausura será Motel Paraíso, primer largometraje del mexicano José Eduardo Castilla Ponce, quien anteriormente participó en FICValdivia con los cortometrajes Aguacuario y Levantamuertos. La película retrata al abuelo del director, dueño de un pequeño motel en Veracruz, utilizando la misma cámara de video con la que él registraba a Ponce durante su infancia. A partir de este vínculo afectivo, el documental se acerca a la vida cotidiana del personaje y combina registros familiares con situaciones ficcionadas y códigos de géneros cinematográficos como el western y el cine negro.
Junto a estas tres películas, la Selección Oficial Largometraje reúne doce obras provenientes de distintos países, incluyendo cuatro producciones chilenas: Lo que nos une, de Nicolás Guzmán; Los niños sin tierra, de René Ballesteros; No Money No Honey, de Nicole Costa, e Hijas únikas, de Alba Gaviraghi. Las ocho producciones internacionales en competencia son: El hogar fue sepultado en esa tierra que nunca pudimos encontrar, de Deimer Quintero Vertel; La ilusión de un verano sin fin, de Alessandra Sanguinetti; Let Them Be Seen, de Nolitha Refilwe Mkulisi; London, de Sebastian Brameshuber; Para hacer una película solo hace falta un arma, de Santiago Sein; Sabes de mim, agora esqueça, de Denise Vieira; Tomorrow a Long Time Ago, de Luise Donschen, y Tycoon, de Charlotte Zhang.
A esta competencia se suman las selecciones oficiales de Largometraje Juvenil, Cortometraje de Latinoamérica y el Caribe, Cortometraje Infantil de Latinoamérica y el Caribe y Cortometraje Chileno de Estudiantes de Cine y Audiovisual, ampliando el panorama de la 33ª edición con nuevas voces y propuestas provenientes de América Latina, Europa, Asia y África.
La compra de abonos puede realizarse online en el sitio web del festival o de manera presencial desde el 28 de septiembre al 2 de octubre, en la boletería del Teatro Regional Cervantes de Valdivia. También se encuentra abierto el registro para delegaciones escolares, agrupaciones culturales, sociales, vecinales, juveniles y de personas mayores en https://33.ficvaldivia.cl/delegaciones
FILM DE APERTURA
La contingencia generada por la política exterior estadounidense hace particularmente urgente la exhibición del nuevo trabajo de la cineasta y artista visual iraní Sanaz Sohrabi (Teherán, 1988), actualmente residente en Canadá, quien desde 2017 ha desarrollado una profunda investigación visual centrada en las operaciones coloniales articuladas en torno a la industria del petróleo.
An incomplete calendar es su obra audiovisual más reciente surgida de esta búsqueda. En ella, la cineasta construye un itinerario histórico en torno a la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y a las naciones que, tras sus complejos procesos de descolonización, han visto asediada su soberanía por Europa y Estados Unidos. El filme será estrenado como Film de Apertura en el 33° Festival de Cine de Valdivia, ocasión para la cual la directora viajará especialmente a Chile como invitada por el certamen para presentar su trabajo.
La propuesta de Sohrabi busca emprender una recuperación cultural que permita comprender las semejanzas en los procesos experimentados por los países miembros de la OPEP -incluido Venezuela-, rescatando a su vez sus identidades específicas. Con ese propósito, el filme se inicia con un registro audiovisual realizado en 1980 por el Coro y la Orquesta de la Universidad Central de Venezuela, interpretación de la canción popular árabe Oh, caminante, cuéntame, en conmemoración de los 20 años de la fundación formal de la OPEP.
De este modo, el relato se articula a partir de un abundante material visual con el que Sohrabi conforma un collage de registros televisivos, diseños postales e imágenes caseras. Este ensamblaje enfatiza no sólo la perspectiva institucional de los países involucrados, sino también una marcada inclinación hacia la dimensión estética.
A través de la superposición incesante de sobres, tarjetas y estampillas, emerge la dimensión individual que atestigua una comunicación trunca propiciada desde Occidente: un proceso de construcción identitaria incompleta que necesita ser relatado continuamente. Esta insistencia se acentúa mediante el juego de texturas, figuras, motivos gráficos y conceptos que recorren la película, así como mediante el uso de la música, las voces de sus líderes y testimonios en off que funcionan como una capa de información y contexto histórico.
Con todos esos elementos, el filme explora las diversas facetas en la que se manifiesta el colonialismo y que explican, desde el presente, las complejas vicisitudes que tanto Venezuela como Medio Oriente han arrastrado durante décadas. En cierto modo, An incomplete calendar constituye un ejercicio de soberanía que se plasma tanto en la solemnidad con que incorpora los discursos oficiales, como en el riguroso cuidado con el que examina la estética institucional reflejada en la iconografía postal que recorre la obra.
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An Incomplete Calendar, de Sanaz Sohrabi. Canadá, Irán, Turquía, Venezuela. 2026. 77’.
FILM CENTRAL
El estadounidense Dan Sallitt (Pennsylvania, 1955) fue cineasta invitado en la edición 2019 de FICValdivia, oportunidad en la que se presentó prácticamente toda su filmografía, incluido su cortometraje Caterina (2019), centrado en la inserción de una mujer latina en una comunidad estadounidense. Sallit ha indagado con agudeza y precisión observacional en las patologías cotidianas asociadas a los lazos afectivas -sea entre parejas, familiares o amigos-, tal como lo atestiguan sus producciones previas Honeymoon (1998), All the Ship at the Sea (2004), The Unspeakable Act (2012) y Fourteen (2019). Las suyas son exploraciones sobre una zona frágil e íntima donde se evidencia una fractura emocional soterrada en el ámbito de los afectos, en la que el amor linda con la dependencia, la fascinación y el control. Específicamente en The Unspeakable Act, el realizador aborda la incontrolable atracción erótica de Jackie, una joven de 17 años, hacía su hermano, manifiesto en los celos que emergen cuando este inicia una relación de pareja y prepara su partida a la universidad.
What Can’t be Mentioned (2026) constituye su primer largometraje en siete años -intervalo habitual en la pausa creativa que el autor suele tomarse entre proyectos-, y funciona, a su vez, como secuela de aquella obra de 2012. En el tiempo transcurrido, Jackie roza los treinta años y ha procurado consolidar una existencia autónoma. Algunas cosas han cambiado: actualmente se forma como asistente social y mantiene una relación de pareja marcada por una insatisfacción sexual latente. Sin embargo, la fijación hacia su hermano permanece inalterada y el nuevo elemento detonante será el embarazo de la pareja de este. Si en The Unspeakable Act, la protagonista utilizaba su entorno adolescente como refugio de sesgo regresivo para contener su impulso incestuoso, en esta oportunidad dicha coartada ya no existe.
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What Can´t be Mentioned, de Dan Sallitt. Estados Unidos. 2026. 61’.
FILM DE CLAUSURA
En la Selección Oficial Cortometraje Infantil Latinoamericano del 31° FICValdivia, el joven realizador mexicano José Eduardo Castilla Ponce estrenó Aguacuario (2023), la historia de un niño de diez años dividido entre cumplir su rutina cargando bidones de agua en un triciclo o dejarse llevar por una inesperada aventura afectiva. En su segundo corto, Levantamuertos (2025), el director dio un giro hacia un relato que cruzaba cultura popular, música campesina y cine de zombies.
Todos estos elementos convergen en Motel Paraíso, su primer largometraje documental. La obra se configura como un retrato y homenaje al abuelo del realizador -propietario de un pequeño motel en la ciudad de Veracruz-, a quien registra con la misma cámara de video con la que él lo filmaba durante su infancia. Esta suerte de retribución y vínculo afectivo mediado por la cámara permite que el filme, además de recorrer la épica cotidiana del protagonista y la historia de su negocio, se adentre en la docuficción para recrear las vivencias del abuelo y su esposa apelando a los códigos de géneros cinematográficos como el western o el cine negro.
Motel Paraíso posee la libertad expresiva propia de las primeras películas, donde el juego cinéfilo construye un universo que dialoga con la calidez y singularidad del personaje retratado. En este sentido, el empleo del registro casero y las situaciones ficcionadas a las que Castilla Ponce convoca a sus abuelos remite también a la aproximación lúdica con la que la infancia aborda la creación audiovisual: desde el placer, la diversión y el juego, tal como lo anticiparon sus dos cortometrajes previos. La película será exhibida como Film de Clausura en el 33° FICValdivia.
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Motel Paraíso, de José Eduardo Castilla Ponce. Clausura. México. 2026. 89’.
SELECCIÓN OFICIAL LARGOMETRAJE
Lo que nos une, de Nicolás Guzmán, es una aproximación al melodrama con varios trasfondos. Su marco de ficción principal es la historia de una mujer adulta a quien el amor por su sobrino de once años la induce irremediablemente al secuestro, lo que genera un revuelo mediático y judicial. El filme construye esta historia a partir de distintas narrativas y estéticas: primero, desde la escenificación de un programa de telerrealidad que relata el caso; luego, con los testimonios rescatados por un cineasta que busca llevar ese hecho a un drama de ficción; y, finalmente la filmación de esa misma película.
Si bien, Lo que nos une, observa y enfrenta en principio ciertas formas de creación documental, este es solo el primer nivel de sus indagaciones. Como en las obras anteriores de Guzmán –Víctima potencial y también en Me gustaría que vivieras mi juventud de nuevo-, el intercambio de roles y de espacios resulta clave. Desde esa zona primaria de búsqueda e investigación, el filme se despliega en distintas direcciones, logrando que los formatos dialoguen y se traslapen entre sí, al tiempo que las fronteras entre ficción y realidad se vuelven difusas.
Los niños sin tierra, es el nuevo largometraje del documentalista René Ballesteros, cineasta radicado en Francia cuyo trabajo anterior, Los sueños del castillo (2018), obtuvo el premio a la Mejor Película en la competencia Largometraje Chileno en el FICValdivia 25°. Esta obra, al igual que su filme previo La quemadura (2010), aborda las circunstancias relacionadas con el abandono infantil -de manera explícita en la primera y más sutil en la segunda-. En su nueva película, Ballesteros sigue la pista de dos adultos en Francia y Suecia que, por un hecho azaroso, inician la búsqueda de sus madres biológicas: mujeres chilenas víctimas de adopciones ilegales.
Sus experiencias se suman a las de miles de niños que fueron sacados del país entre 1960 y 1990. Sin embargo, en este filme la intención de Ballesteros no es sintetizar las consecuencias de esa práctica, sino indagar en las heridas individuales de ese proceso -tanto en los hijos como en sus madres- para reflexionar sobre la identidad y las cuentas pendientes con el pasado. Los niños sin tierra se estrenó mundialmente en la competencia del 48° Festival Cinéma du Réel.
En No money no Honey, Nicole Costa rescata y actualiza la vida de Máxima Mauricio, una trabajadora sexual argentina que se instaló en Miami a fines de los 90 y que ahora, desde Nueva York, intenta vincularse con la comunidad trans en medio de la precariedad económica y la soledad alcoholizada en la que sobrevive. Intercalando grabaciones en VHS con registros actuales de su protagonista, el filme profundiza en la indagación sobre la identidad cultural a partir de las relaciones entre Estados Unidos y los modos de ser latinoamericanos – un eje que Costa ya había abordado en su largometraje anterior, El viaje de Monalisa, estrenado en el FICValdivia 26°-. En este caso, el documental se organiza como un doloroso viaje al pasado de su protagonista -almacenado en un puñado de cintas de vídeo-, narrado en primera persona a modo de diario testimonial. En la lógica del filme, ese retorno es también un reencuentro con su antigua troupe en Miami; desde ese punto de vista, el itinerario recorrido no es solo individual -donde resulta particularmente íntimo y descarnado-, sino también colectivo. A pesar del permanente juego entre el pasado y presente, la película en ningún caso adopta una perspectiva pesimista; por el contrario, la dignidad de su personaje prevalece, incluso en el viaje hacia la infancia de Máxima que emerge en los tramos finales del relato.
En Hijas únikas, el primer largometraje de Alba Gaviraghi, la narrativa se desplaza desde lo contingente hacia lo social, sin que esto último funcione como un mero marco de referencia para insertar la intimidad ligada a la búsqueda del padre. El filme se ambienta durante las protestas secundarias de 2006, un contexto que parece invisibilizar la situación de Antonia, una joven estudiante de enseñanza media decidida a retomar el contacto con su padre -de quien no sabe absolutamente nada- para que la autorice a viajar a Argentina en su gira de estudios.
Inscrito en el coming of age como género formal, el filme toma como base las experiencias de adolescencia de la directora. Por ello, su aproximación es íntima y, a la vez, generacional: la música, las tribus urbanas, los códigos y las formas de vincularse se despliegan a la par de las motivaciones de la protagonista. Desde ese territorio surge la conciencia de autonomía que impulsa a Antonia a emprender por su cuenta la búsqueda de su progenitor, en paralelo a su participación en las protestas estudiantiles contra un Estado que en gran medida, también la ha dejado huérfana.
El hogar fue sepultado en esa tierra que nunca pudimos encontrar, de Deimer Quintero Vertel, es un relato coral construido mayoritariamente por las voces del pasado: testimonios que aún resuenan en la memoria y que constituyen un territorio abierto y cambiante. En esta nueva película, el realizador retoma la confluencia entre lo sobrenatural y lo documental presente en su obra anterior; sin embargo, mientras que en aquella cinta el territorio estaba configurado por el musgo, la humedad y la vegetación boscosa, aquí son los registros caseros y las fotografías familiares el escenario primordial donde la concreción del archivo y del testimonio se funde con lo fantasmal.
La ilusión de un verano sin fin, de Alessandra Sanguinetti. Estrenado en el Festival Internacional de Cine de Locarno -donde obtuvo el Leopardo de Oro de la competencia Cineasti del Presente y el de Mejor Ópera Prima-, este filme de la fotógrafa argentina Alessandra Sanguinetti es un meticuloso trabajo documental que rastrea, desde 1999 hasta 2025, la vida de dos primas cuya infancia rural las volvió inseparables.
Mediante amplias elipsis temporales, el relato retrata a los personajes a partir de los diez años, en un entorno campestre habitado por animales, en el que ambas niñas, junto a su abuela, parecen integrarse de manera armónica. En el tránsito hacia la adolescencia y, posteriormente a la adultez y la maternidad, se evidencia la pérdida de la inocencia y una domesticación inevitable impulsada por el traslado del campo a la ciudad, el cual supone además un abandono irrecuperable. Lo que Sanguinetti registra es la inevitabilidad del tiempo, en un propósito afín al del realizador británico Michael Apted en su emblemática saga documental Up!, donde regresaba cada siete años para registrar a un grupo de personas cuyo seguimiento inició en 1964 y concluyó en 2019.
Let Them Be Seen, de Nolitha Refilwe Mkulisi. A medio camino entre el documental etnográfico y la indagación experimental, este trabajo de la realizadora sudafricana Nolitha Refilwe Mkulisi se sitúa en el pueblo de Tapoleng, en la provincia del Cabo Oriental de Sudáfrica – lugar donde creció la directora-. Se trata de una zona conocida por su alta concentración de iglesias derivadas de la labor misionera cristiana y convertida, por esa misma razón, en un territorio olvidado en la era post-apartheid.
El filme acompaña a los habitantes del pueblo -que actualmente no superan las 500 personas-, en su esfuerzo por redefinir su espiritualidad, integrando el culto ancestral y la ferviente influencia occidental con las tradiciones cotidianas. Let Them Be Seen articula su observación en el límite entre el documental y la ficción, apoyándose en un tratamiento visual altamente sugerente que transita por múltiples texturas y soportes fílmicos.
London, de Sebastián Brameshuber. El nuevo película del austríaco Sebastian Brameshuber aborda nuevamente las dinámicas del automóvil y la movilidad, en continuidad con su obra anterior, Movements of a Nearby Mountain (2019) -filme ambientada en una zona minera bajo los Alpes austriacos, donde un inmigrante nigeriano desarmaba vehículos antiguos para revender sus piezas-. En aquél filme, la inmovilidad y el desuso funcionaban como metáforas de las lógicas deshumanizantes de la economía globalizada, un trasfondo crítico que reaparece en London, largometraje ganador de la Competencia Internacional en Cinéma du Réel 2026.
La cinta invierte la puesta en escena de su trabajo previo para enfocarse en el viaje, la carretera y las identidades trazadas por el tránsito constante. El personaje central es Bobby, un hombre de unos cincuenta años que recorre la ruta entre Viena y Salzburgo a bordo de un Range Rover, recogiendo a viajeros en el camino. A través de estos pasajeros -interpretados por actores no profesionales-, el filme despliega extensas conversaciones en las que se trasluce el complejo panorama político de la Europa contemporánea.
Para hacer una película solo hace falta un arma, de Santiago Sein. La realización de este filme estuvo precedida por un hallazgo formidable: la aparición, en la Universidad de Córdoba, de decenas de latas con películas de estudiantes de cine realizadas durante los años sesenta y setenta, las cuales se creían destruidas durante la dictadura militar. La relectura de ese archivo constituye el corazón de esta película, la cual organiza con libertad un abundante material de filmaciones sobre marchas, manifestaciones políticas y represión realizadas por tres estudiantes de la época.
El documental funciona, en gran medida, como el testimonio de una generación de jóvenes aniquilada por el régimen militar. A partir de estas imágenes, el director Santiago Sein fabula la existencia de una mítica película perdida del cine político latinoamericano, convirtiendo este relato en el dispositivo central de su obra.
Sabes de mim, agora esqueça, de Denise Vieira. Entre la fábula, el ejercicio cinéfilo y un conjunto de historias de amor desbocado, Sabes de mim, agora esqueça constituye la ópera prima de Denise Vieira, cineasta brasileña que dio paso hacia la realización tras desempeñarse en la dirección de arte de una veintena de largometrajes -entre ellos Mato seco en Llamas, el impactante filme de Joana Pimenta y Adirley Queirós que inauguró la 29ª edición de FICValdivia-.
La atmósfera recargada y distópica de aquel filme resuena en esta nueva incursión de Vieira, ambientada en un burdel llamado La Tuca que sirve de refugio para mujeres fugitivas. A este lugar -un oasis en medio de un entorno hostil- llega Rubia, una mujer que pronto se integra a la comunidad y se convierte en el eje de la mirada que articula las intimidades y relatos de las trabajadoras sexuales, historias que solo logran florecer en un espacio de protecciòn como este.
La puesta en escena de Denise Vieira es estilizada y a la vez minimalista, permitiendo que esta ficción desbordada mantenga evidente zonas de contacto con el Brasil contemporáneo. Sabes de mim, agora esqueça celebró su estreno internacional en Fid Marseille 2026, donde fue galardonada con el premio a la Mejor Ópera Prima.
Tomorrow a Long Time Ago, de Luise Donschen. Con Casanovagen -presente en la Selección Oficial Largometraje Internacional en FICValdivia 25°- y Elle -cortometraje de la sección Nuevos Caminos de FICValdivia 28°-, se dio a conocer un cineasta capaz de subvertir los parámetros del realismo.
En Tomorrow a Long Time Ago, su mirada se enfoca en una anciana que, en 1990 -en pleno proceso de reunificación alemana-, sufre dos pérdidas consecutivas que alteran su vida: primero su empleo y, poco después, a su amiga de toda la vida. Esta doble enajenación desencadena una profunda crisis vital que la lleva inicialmente a una acumulación compulsiva de objetos y, posteriormente, a buscar el aislamiento y el refugio en la naturaleza.
Tycoon, de Charlotte Zhang. Transcurre en Los Ángeles en 2028, a las puertas de los Juegos Olímpicos, bajo un clima abiertamente distópico: un virus ha aniquilado la producción de carne de granja y las cucarachas, modificadas genéticamente, se han convertido en su principal sustituto. En este escenario degradado, un grupo de jóvenes urde un plan para vengarse de una sociedad que aborrecen.
La directora estadounidense de origen canadiense Charlotte Zhang reincide en el abordaje de la criminalidad como un estado complementario a la evolución del capitalismo, tal como lo hizo en su ópera prima, Gangsterism (2025). En ambas obras, el tono paródico permite leerlas como una respuesta al cine policial estadounidense de los años setenta, así como un retrato sobre la inserción de las comunidades latinas y asiáticas que examina. Adicionalmente, Tycoon se impregna de la estética del cine amateur al ser filmada con diversos formatos de cámara en mano, transformando la propuesta en una experiencia espontánea, vertiginosa y de alta energía.
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Lo que nos une, de Nicolás Guzmán. Chile. 2026. 72 minutos. DCP.
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Los niños sin tierra, de René Ballesteros. Francia, Chile. 2026. 97 minutos. DCP.
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No Money No Honey, de Nicole Costa. Estados Unidos, Chile. 84 minutos. DCP.
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Hijas únikas, de Alba Gaviraghi. Chile, México, Alemania, Argentina. 2026. 90 minutos. DCP.
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El hogar fue sepultado en esa tierra que nunca pudimos encontrar, de Deimer Quintero Vertel. Colombia. 2026. 92’. DCP.
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La ilusión de un verano sin fin, de Alessandra Sanguinetti. Argentina, Estados Unidos. 2026. 94’. DCP.
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Let Them Be Seen, de Nolitha Refilwe Mkulisi. Sudáfrica, Alemania. 2026. 75’. DCP.
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London, de Sebastian Brameshuber. Austria. 2026. 120’. DCP.
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Para hacer una película solo hace falta un arma, de Santiago Sein. Argentina. 2026. 146’. DCP.
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Sabes de mim, agora esqueça, de Denise Vieira. Brasil. 2026. 96’. DCP.
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Tomorrow a Long Time Ago, de Luise Donschen. Alemania. 2026. 90’. DCP.
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Tycoon, de Charlotte Zhang. Canadá, Estados Unidos. 2026. 89’. DCP.
SELECCIÓN OFICIAL LARGOMETRAJE JUVENIL
Chicas tristes, de Fernanda Tovar. El primer largometraje de la cineasta mexicana tomó ocho años de escritura y su estreno en el Festival de Cine de Berlín, en febrero pasado, refrendó las búsquedas que la realizadora ya había mostrado en sus cortometrajes previos, especialmente en Quiero estrellarme en seco contra el parabrisas del amor (2024) estrenado en Tribeca.
En Chicas Tristes, Tovar se enfoca en la relación entre dos nadadoras de 16 años (La Maestra y Paula), unidas por un vínculo inseparable que se refuerza a través de los entrenamientos diarios para clasificar a los Panamericanos. Ese universo coordinado de juegos, afecto y rutinas acuáticas se fractura cuando Paula tiene su primera experiencia sexual que resulta traumática. Las distintas posturas que ambas asumen frente al suceso trazan entre ellas una distancia afectiva que continuará ampliándose a lo largo del filme.
Handy Girl, de Inés Urdinez. Si hay un elemento que une la trayectoria como directora de la actriz argentina Inés Urdinez es su fascinación por los lenguajes digitales y sus dinámicas de mediatización. Con la serie Un mundo de sensaciones (2020) la realizadora exploró el entorno virtual a través de dos amigas que recurren a la repostería tras perder sus empleos durante la pandemia, ese ecosistema pasa a ocupar el centro en Handy Girl, largometraje focalizado en la vida cotidiana filtrada por la imagen.
Con la estructura de un diario audiovisual, la película sigue a una madre y actriz que intenta sobrellevar los diversos aspectos de su día a día. En su propia materialidad, la propuesta remite a los códigos de la imagen efímera, el cómic y el videoclip para dar cuenta tanto de nuevas comunidades urbanas, como de la incomodidad, la precariedad y la urgencia en la Argentina contemporánea.
I Heard That They Are Not Going To See Each Other Anymore, de Ka Ki Wong. Nos presenta la historia de dos jóvenes, Tao y Melih, quienes son incapaces de dar cauce a sus impulsos afectivos nacidos de la rutina diaria. Tao se siente profundamente atraída por Sihn, un joven que visita cada día el mismo restaurante de fideos. Melih, el dueño de ese local, se ha fijado en Ping, una chica que transita con frecuencia por la calle de enfrente, siempre con una flor en la mano y repitiendo el gesto de tomar agua en un bebedero.
I Heard That They Are Not Going To See Each Other Anymore, entrelaza ambas historias de afectos interconectados por la subjetividad y por la asimilación de los códigos del documental. La obra retrata a una generación que enfrenta crecientes dificultades para manejar sus afectos de manera racional, y para la cual la imaginación y la fantasía surgen como persistentes mecanismos de evasión.
Inoue!, de Daichi Suzuki. Es una aventura, completamente filmada con stop motion, esta obra relata las andanzas de Inoue Masaki, un joven que, tras renunciar a su trabajo y volver a depender económicamente de sus padres, es transportado repentinamente al Planeta Inoue. Allí descubre la existencia de múltiples clones de sí mismo y comprende que él es en realidad Masaki Nº 88: parte de un experimento de producción en masa liderado por un ser extraterrestre llamado Papa, cuyo propósito es hallar una versión digna de habitar la Tierra.
Guiado por Masaki Nº 1 y por un equipo alienígena de creadores, el protagonista emprende un extraño viaje de autodescubrimiento que lo confronta directamente con la búsqueda de su propia identidad y el sentido de su existencia.
Nuestro cuerpo es una estrella que se abre, de Semillites Hernández Velasco y Tania Hernández Velasco. La exploración que lxs dos hermanxs Hernández Velasco emprenden en este filme se ancla en el uso experimental del soporte audiovisual para trazar un recorrido por sus propios cuerpos y exponer la intimidad de sus existencias. La dimensión poética y metafórica con la que se construye visualmente ese viaje funciona como un recurso eficaz para manifestar la condición de corporalidades que han sido rechazadas histórica y culturalmente. Como respuesta a esa agresión, la película reconvierte dichos cuerpos en paisaje natural: una escenografía atravesada por la memoria histórica, la permanencia ancestral y racial y, por cierto, la identidad.
A partir de un juego permanente con las posibilidades expresivas del lenguaje audiovisual -colores, formas y texturas-, Nuestro cuerpo es una estrella que se abre se detiene en las experiencias concretas y performativas de Tania y de Semillites, para posteriormente integrar ambas voces en un solo relato coral que unifica la dimensión transversal de sus búsquedas y padecimientos.
Nunkui, de Verenice Benítez. La ópera prima de la realizadora ecuatoriana Verenice Benítez toma la noción de ‘Nunkui’, figura que en la cosmovisión de los Shuar -pueblo indígena de la región amazónica que colinda con Perú- identifica al espíritu femenino de la huerta, protector de la tierra y encarnación de la fecundidad vegetal. Esta dimensión mítica se entrelaza en el filme con el tránsito de la infancia a la adolescencia de una joven llamada igual que aquel espíritu, para quien el fin de la inocencia supone también la toma de conciencia sobre la devastación ambiental que el capitalismo le hace a la tierra.
La propuesta de Nunkui posee una marcada vocación antropológica: registra con urgencia la lengua y la cosmovisión Shuar -reflejada en los fuertes lazos familiares y comunitarios-, así como la frágil coexistencia entre la tradición y la modernidad. Todo ello se despliega a través de un relato en el que la joven protagonista encarna la necesidad imperiosa de resguardar a su comunidad.
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Chicas tristes, de Fernanda Tovar. México, España, Francia. 2026. 90’. DCP.
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Handy Girl, de Inés Urdinez. Argentina. 2026. 60’. DCP.
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I Heard That They Are Not Going To See Each Other Anymore, de Ka Ki Wong. Hong Kong, Taiwán, Reino Unido, Turquía. 2026. 86’. DCP.
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Inoue!, de Daichi Suzuki. Japón. 2025. 54’. DCP.
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Nuestro cuerpo es una estrella que se expande, de Semillites Hernández Velasco, Tania Hernández Velasco. México. 2025. 84’. DCP.
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Nunkui, de Verenice Benítez. Ecuador, Chile, Alemania. 2026. 91’. DCP.
SELECCIÓN OFICIAL CORTOMETRAJE DE LATINOAMÉRICA Y EL CARIBE
Esta selección reúne doce cortometrajes que, desde aproximaciones muy distintas, encuentran en la observación una forma de acercarse a sus personajes, territorios y conflictos.
Partículas Inconmensurables, de Francisco Rojas, es un cortometraje de observación en el que la cámara se adhiere a los ritmos fluviales. Paulatinamente, la imagen adquiere una dimensión casi abstracta que se transforma -gracias a un delicado trabajo sonoro- en una experiencia inmersiva y casi táctil, profundizando así la conexión material presente en los trabajos anteriores del director.
Una fortaleza, de Alba Gaviraghi, se exhibirá en FICValdivia poco después de su paso por la 82° edición del Festival Internacional de Cine de Venecia. El filme puede entenderse como un complemento temático de Hijas únikas, el largometraje de Gaviraghi que forma parte de la Selección Oficial Largometraje,pues transita por un marco histórico similar: las protestas estudiantiles secundarias. Sin embargo, aquí la anécdota es puntual y aborda la elección y el compromiso político de una joven que debe decidir si continúa participando en las acciones de un liceo tomado desde hace meses por sus alumnos.
Toda la quietud posible (2026) de Manuel Vlastelica, propone la puesta en imágenes de una ciudad residual que ha relegado por igual a objetos, desperdicios e identidades. El filme es un ejercicio de observación principalmente visual, pero también sonoro, sobre todo aquello que está frente a nuestra mirada y que, sin embargo, se invisibiliza -probablemente la propia voluntad de no querer ver-. Con el paso de los minutos, esta sucesión de flora, fauna y naturaleza muerta urbana parece cobrar una existencia propia, amparada en sus dinámicas de soledad y abandono.
En Día de sacrificio, Benjamín Leiter y Carolina Gutiérrez regresan como codirectores a FICValdivia manteniendo la lógica observacional de Atajo (2024), su primer trabajo conjunto (dirigido por Leiter con Gutiérrez en la dirección de fotografía) que trasladaba las dinámicas del western al campo chileno. En esta nueva obra, la dupla pone en escena un itinerario natural que da cuenta de la belleza y la precariedad de un ecosistema, sintetizado en un día en la vida de un chungungo.
Banano, banano, de Manuel Z. Monterroso. La influencia del diseño resulta evidente en los trabajos audiovisuales del director guatemalteco, en los que se advierte un estilo callejero, contestatario y vertiginoso, volcado a la observación de personajes a menudo marginales. Los suyos son universos atravesados por lazos afectivos y familiares precarios que arrojan a los individuos a un entorno donde la violencia opera como principal lógica de relación.
En banano, banano (2026), la Muerte se cobra revancha para llevarse a tres habitantes de un cerro en la Ciudad de Guatemala. El filme articula tres relatos breves: el de un niño perdido en una montaña, el de una joven sin rumbo y el de un anciano escritor que siempre anheló convertirse en cineasta.
Filhos da cana, de Cecília Coêlho. Filmada en Ribeirão Preto, un importante município al interior del estado de Sao Paulo, este cortometraje aborda el peso y el poder de la industria azucarera y cuenta la historia de cinco jóvenes de clase alta que quedan atrapados en un pueblo controlado por los grandes capitales extractivos. Condenados a vagar sin rumbo, viven una rutina hedonista como única forma de evitar ser devorados por la rutina enajenante.
Futuros luminosos, de Ismael García Ramírez. Seleccionada en el Festival de Cine de Rotterdam, Futuros luminosos transita por preocupaciones afines a las que su director, Ismael García Ramírez, ya había explorado en su cortometraje anterior, Entre las sombras arden mundos (2023): los lazos familiares, la colectividad, la noche y la constante necesidad de protección.
En esta oportunidad, el filme sigue los preparativos de Simón, un joven de Medellín, que quiere postular a un puesto de trabajo en un call center. Su preparación consiste en ensayar un libreto de ventas frente a sus amigos; durante la noche -un entorno sombrío y casi fantasmal, entre escombros de antiguas fábricas- que el protagonista ensaya su texto con el que confía salir de la miseria en la que vive.
Gestos para romper una imagen, de Mayra Villavicencio Príncipe. La realizadora peruana Mayra Villavicencio Príncipe inició su trayectoria artística en 2019 con CASSETT 6 (2019), trabajo desarrollado en el marco del LAB del festival Proceso de Error en Valparaíso que toma como base la materialidad de los archivos familiares, la memoria y aquello que permanece oculto.
En Gestos para romper una imagen (2026), es la interfaz de Google Street View la que permite a una mujer recorrer de manera virtual el territorio limeño que habitó en el pasado. A medida que transita por esas calles, afloran otras imágenes: las de las manifestaciones sociales desencadenadas en Perú tras la destitución del presidente Pedro Castillo y la consecuente represión militar. Dicha irrupción reformula de manera crítica las preguntas sobre la naturaleza, el sentido y la función política de las imágenes contemporáneas.
Isla flotante, de Jezabeth Roca González. El punto de partida de este cortometraje de la artista puertorriqueña es una llamada telefónica con su prima, conversación en la que emerge la noción de que la isla se desplaza paulatinamente unos centímetros cada día hacia el interior del océano. Este dato casi imperceptible es utilizado por la realizadora como eje conceptual para articular una reflexión crítica sobre el colonialismo.
La ocupación estadounidense, la migración forzada, la crisis ambiental y la desprotección política son dimensiones que Isla flotante convoca a partir de la inestabilidad inherente a la propia geografía insular.
La hora de irse, del artista argentino Renzo Cozza, quien ha desarrollado en paralelo su trayectoria como actor y cineasta -en ocasiones en codirección con Mariana Sanguinetti-, destacando su presencia constante en la obra de María Alché, con intervenciones en el cortometraje Gulliver (2015) y en los largometrajes Familia sumergida (2018) y Puan (2023). Tras haber dirigido previamente dos cortometrajes y dos largos, La hora de irse (2026) constituye su tercer corto, seleccionado en la competencia Berlinale Shorts de 2026.
El filme aborda la vivencia de un joven hastiado y asfixiado de las exigencias laborales impuestas por sus hermanas. Como vía de escape ante esa rutina opresiva, el protagonista comienza a deambular por la ciudad en busca de nuevas vivencias, transitando de este modo desde la descripción del aburrimiento cotidiano hacia una singular historia de vampiros.
Lima, de Biviana Chauchi. El núcleo de la propuesta estética de la artista peruana Biviana Chauchi radica en el trabajo con la materialidad, especialmente en la reutilización de los objetos y el uso de técnicas afines al collage. En su producción audiovisual, esta búsqueda se traduce en la manipulación directa del formato fílmico para explorar nuevas formas de expresión visual. Filmada en 8 milímetros y posteriormente digitalizada, Lima propone una aproximación estrictamente sensorial a la urbe, orientada a rastrear y hacer emerger aquellos vestigios indómitos y latentes de su configuración territorial.
Uma fonte, de la artista brasileña Raffaella Rosset, presenta una serie de experiencias visuales que se adentran en los márgenes y zonas de acceso restringido de los ríos Pinheiros y Tietê. La mirada se desplaza desde los muros de la autopista hacia el cauce fluvial, espacio en el que comienza a emerger la densidad de la historia y la memoria del territorio.
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Día de sacrificio, de Benjamín Leiter y Carolina Gutiérrez. Chile. 2026. 20’. DCP.
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Partículas inconmensurables, de Francisco Rojas. Chile. 2026. 10’. DCP.
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Toda la quietud posible, de Manuel Vlastelica. Chile. 2026. 18’. DCP.
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Una fortaleza, de Alba Gaviraghi. Chile. 2026. 14’. DCP.
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banano, banano, de Manuel Z. Monterroso. Guatemala. 2026. 13’. DCP.
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Filhos da cana, de Cecília Coêlho. Brasil. 2026. 22’. DCP.
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Futuros luminosos, de Ismael García Ramírez. Colombia. 2026. 25’. DCP.
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Gestos para romper una imagen, de Mayra Villavicencio Príncipe. Perú. 2026. 15’. DCP.
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Isla flotante, de Jezabeth Roca Gonzalez. Puerto Rico, Estados Unidos. 2026. 5’. DCP.
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La hora de irse, de Renzo Cozza. Argentina. 2026. 20’. DCP.
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Lima, de Biviana Chauchi. Perú, España. 2025. 4’. DCP.
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Uma fonte, de Raffaella Rosset. Brasil. 2026. 11’. DCP.
SELECCIÓN OFICIAL CORTOMETRAJE INFANTIL DE LATINOAMÉRICA Y EL CARIBE
Antonia Pérez Wagner participó con éxito en la segunda versión de ¡MATCH! Profesional de FICValdivia 2025, instancia que busca conectar a artistas regionales con empresas audiovisuales de todo Chile. De ese encuentro surgió ¿A dónde se fue el jambato?, cortometraje de animación que, con una cuidada estética de acuarela, narra la búsqueda que emprenden una serpiente caracolera, ranas marsupiales, un oso de anteojos y un cóndor para hallar al jambato: un sapo arlequín que fue abundante en los Andes ecuatorianos, pero que comenzó a desaparecer progresivamente hasta ser declarado extinto.
La niña que quería ser piedra, de Jackson Abacatu. El primer cortometraje del director brasileño, O Extraordinário caso do Sr. A (2015), proponía una hibridación entre animación e imágenes reales centradas en la cotidianidad de un hombre común desbordado por su rutina, desde las acciones de bañarse y ver televisión hasta el trabajo y por supuesto, las relaciones afectivas. Cierta noción de ese desajuste se desplaza a La niña que quería ser piedra, su cuarto trabajo, donde vuelve a indagar en inquietudes existenciales y temáticas adultas.
A través del encuentro entre un niño curioso y una niña serena a orillas de un lago, la belleza del entorno los conduce a preguntarse por el significado de convertirse en piedra. Fiel a sus búsquedas previas, Abacatu recurre a técnicas mixtas de animación; en esta oportunidad, al tratarse de un relato derivado de un cuento, es el libro como objeto y artefacto el que articula la construcción estética de las imágenes.
El día que aprendí a volar, de Orlymar Paredes Morales. En ese cortometraje de la realizadora venezolana, un niño amante de las aves recibe como regalo al cumplir siete años un pájaro silvestre. Al descubrir que la criatura es padre y que sus crías han quedado desamparadas, el protagonista decide embarcarse en una arriesgada travesía para ayudar al ave a reencontrarse con su familia.
Kintsugi, cortometraje del realizador mexicano-alemán Rodolfo Aguilar Strecke, filme con el que concluyó sus estudios de cine en Inglaterra, esta obra recurre a la pasión cinéfila de su realizador para articular un relato que transita entre la fantasía y la realidad. La película se adentra en la mente de Luis, un niño que, junto a su hermano mayor Andrés, interpreta la realidad cotidiana como si se tratara de una película de samuráis.
Ese universo de ficción se destruye cuando la mudanza a la casa de su abuelo distancia a Andrés de las dinámicas de juegos creadas por el menor. En un intento por atraer a su hermano por última vez a sus duelos con espada, Luis terminará por comprender las complejas circunstancias que atraviesa su entorno familiar.
¿Para qué sirven las cosas?, de Thais Fernandes y Tainah Dadda. Tras perder su bicicleta, que considera su mejor amiga, Bê se adentra en un singular taller de reparaciones donde descubrirá la función de las diversas piezas y objetos que lo habitan. ¿Para qué sirven las cosas? destaca por su vocación didáctica al nutrirse de las interrogantes cotidianas que la infancia formula ante el entorno.
El cortometraje se configura como una experiencia visual que construye un universo mágico y a la vez tangible al intervenir objetos cotidianos mediante la animación. Su materialidad teatral, el uso del color y la puesta en escena concentrada en un espacio único dialogan con la sensibilidad documental de Thais Fernandes, quien junto a la productora Tainah Dadda artículo una obra de notable fuerza sugerente.
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¿A dónde se fue el jambato?, de Antonia Pérez Wagner. Chile, Reino Unido. 2025. 3’. DCP.
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La niña que quería ser piedra, de Jackson Abacatu. Brasil. 2026. 9’. DCP.
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El día que aprendí a volar, de Orlymar Paredes Morales. Venezuela. 2026. 8’. DCP.
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Kintsugi, de Rodolfo Aguilar Strecke. México, Inglaterra. 2026. 20’. DCP.
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¿Para qué sirven las cosas?, de Thais Fernandes, Tainah Dadda. Brasil. 2025. 16’. DCP.
SELECCIÓN OFICIAL CORTOMETRAJE CHILENO DE ESTUDIANTES DE CINE Y AUDIOVISUAL
Esta selección reúne miradas jóvenes que exploran la identidad, la memoria y los cambios que acompañan el paso hacia nuevas etapas.
Donde anida la lluvia, de Ignacio Durán, se ambienta en la localidad sureña de Fresia, donde tres amigos adolescentes pasan sus últimos momentos antes de terminar el colegio. Allí, la lluvia constante y las rutinas diarias se convierten en el único refugio para distraer la incertidumbre sobre el futuro que les espera.
Mañana vendrá el silencio, de Matía Lorenzo, cuenta la historia de Trizado, un estudiante de cine deprimido que, a través de un viaje sensorial por distintos archivos de imágenes, intenta reflexionar sobre su orientación sexual, la memoria y la culpa.
Cómo cortarse el pelo, de Sonio Leonelli, es la historia de Dalia, una niña de 13 años empecinada en cortarse sus largas trenzas pese a la desaprobación familiar. Al verse impedida de cumplir su objetivo, la protagonista ingresa a un espacio extra cinematográfico que le otorga total autoridad para concretar su deseo.
Caerá el Morro y marcharán sus hijos, de Oscar Marín, es una búsqueda poética alrededor de aquello que identifica a la ciudad de Arica. Construida a partir de imágenes postales, la obra sitúa al Morro como el símbolo central de una identidad desdibujada.
Casa propia, de Conam Calderón, Alejandra Bravo y María José Rojas, relata los vínculos y la memoria compartida entre una madre jubilada y Conam -su hije no binarie-, los cuales afloran poco antes de que ella abandone la oficina que ha convertido en su hogar, impulsada por el anhelo de encontrar un lugar mejor donde pasar su vejez.
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Caerá el Morro y marcharán sus hijos, de Oscar Marín Sepúlveda. Chile. 2026. 13 minutos. DCP.
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Casa propia, de Alejandra Bravo, Conam Calderón, María José Rojas. Chile. 2026. 14 minutos. DCP.
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Cómo cortarse el pelo, de Sonio Leonelli. Chile. 2026. 10 minutos. DCP.
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Donde anida la lluvia, de Ignacio Durán Vidal. Chile. 2026. 20 minutos. DCP.
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Mañana vendrá el silencio, de Matía Lorenzo. Chile. 2026. 17 minutos. DCP.
