La influences Andi Mc Rostie vivió el Tour de France desde adentro

  • Invitada por Red Bull, la creadora de contenido y aprendiz del MTB, recorrió el interior del evento ciclístico más grande del mundo, donde descubrió una maquinaria de datos, tecnología y estrategia comparable a la del automovilismo de élite.

La influencer y amante de los deportes, Andi Mc Rostie, ya conocía el universo de las bicicletas. En sus redes sociales se puede ver a la creadora en el mundo del MTB subiendo y bajando cerros. Además, ya había estado cubriendo las carreras urbanas más emblemáticas del ciclismo de descenso como Red Bull Génova Cerro Abajo y Red Bull Valparaíso Cerro Abajo. Así, su pasión y trabajo en torno a la disciplina derivó en una invitación inesperada: vivir el Tour de France desde adentro, junto al equipo Red Bull BORA Team. La experiencia, señala, le permitió conocer una dimensión del deporte que habitualmente solo se aprecia por televisión.

«Fue una oportunidad realmente increíble, porque pude conocer una parte de este deporte que normalmente solo vemos por televisión», relata la creadora. Una frase escuchada durante su viaje terminó por sintetizar la experiencia: «El Tour de France es como la Fórmula 1, pero de humanos», le comentó un periodista del grupo, y observar la carrera desde dentro le dio pleno sentido a esa comparación. Lo que más la sorprendió fue comprobar que cada decisión se sustenta en datos y en un permanente cálculo de compromisos: el equipo evalúa de forma constante cuándo priorizar la aerodinámica y cuándo conviene ahorrar unos gramos de peso, según el perfil de cada etapa, las velocidades esperadas y el rol asignado a cada corredor.

La velocidad, además, se percibe de manera distinta a corta distancia. En Montmartre el pelotón alcanzaba cerca de los 50 km/h, una intensidad que a corta distancia resulta difícil de dimensionar. A ello se sumó un ambiente que también la marcó: espectadores que aguardan horas para celebrar el paso de los ciclistas y transmisiones compartidas donde surgen amistades espontáneas, como ocurrió con un grupo de aficionadas alemanas que conoció durante la jornada.

Con todo, lo que más la conmovió fue el rol del gregario, al que define como uno de los trabajos más sacrificados y nobles del deporte. «Básicamente, pedalean durante tres semanas para ayudar a que su líder tenga la mejor oportunidad de ganar. Son quienes buscan agua, protegen del viento, marcan el ritmo y muchas veces dejan de lado cualquier opción personal por el bien del equipo. Al final, aunque no levanten el trofeo, gran parte del triunfo también es gracias a ellos», explica.

En el plano humano, lo que encontró en el equipo fue una pasión transversal. No alcanzó a conversar con los corredores, pero sí con el resto del staff, y ese contacto se convirtió en una de las huellas más profundas del viaje. «Me impresionó no solo el nivel de profesionalismo, sino también la pasión con la que viven su trabajo. Cada persona, desde los mecánicos y nutricionistas hasta los ingenieros, entrenadores y el resto del staff, está completamente comprometida y genuinamente orgullosa de ser parte del equipo», señala.

En medio de ese entorno global, Chile emergió de forma recurrente. Como estadounidense, Andi solía comunicarse en inglés, pero cuando mencionaba que reside en el país la reacción era siempre cercana. «Escuché varias veces la frase: ‘Tengo muchísimas ganas de conocer Chile’. Me dio mucha alegría ver el interés y el cariño que le tienen al país», cierra la creadora, quien asegura que la experiencia trascendió ampliamente lo deportivo.