Resiliencia: La nueva prioridad industrial que superó a la eficiencia

Cuando las cadenas de suministro se rompen, ganan quienes tienen visibilidad de todo, explica David Bleackley, Vicepresidente de Estrategia para Aplicaciones Avanzadas de AVEVA.

La economía mundial sigue en vilo. El estrecho de Ormuz —un punto estratégico por el que transita aproximadamente una quinta parte del petróleo que se consume diariamente en el mundo— continúa viéndose afectado por las tensiones geopolíticas.

Respecto de esta situación, David Bleackley, Vicepresidente de Estrategia para Aplicaciones Avanzadas de AVEVA, explica que “no se trata solo de energía: también es una arteria fundamental para el suministro de insumos químicos esenciales para la fabricación de plásticos, fertilizantes y productos industriales”.

Esto genera un efecto dominó en las cadenas de suministro, reduciendo los márgenes de industrias que van desde la producción química hasta la construcción, la agricultura y los bienes de consumo. “Al mismo tiempo, sanciones, aranceles o incluso simples anuncios de política comercial pueden dejar fuera de operación una refinería o una planta prácticamente de un momento a otro”, agrega el ejecutivo.

Una época de volatilidad

Desde la pandemia, las oscilaciones en los mercados energéticos, las tensiones comerciales y unas condiciones financieras más restrictivas se han convertido en parte del nuevo escenario económico mundial, configurando un sistema mucho más complejo e impredecible.

En este contexto, las arquitecturas operativas deben diseñarse asumiendo una disrupción constante. Las redes industriales deben ser capaces de reconfigurarse”, agrega David Bleackey.

Un instante una refinería está produciendo; al siguiente, deja de hacerlo. Y, en alguna sala de control al otro lado del mundo, un operador observa una pantalla intentando responder una pregunta para la que los modelos tradicionales de eficiencia nunca fueron diseñados: ¿y ahora qué?

Hoy, el éxito depende de mucho más que la eficiencia. El desempeño industrial está determinado por la rapidez y la flexibilidad con la que una organización puede redistribuir o absorber capacidad productiva. Si una cadena de suministro se interrumpe, ¿qué tan rápido puede una planta cambiar de proveedor? ¿Qué indican las proyecciones? ¿En qué otra fábrica puede trasladarse la producción?

El ejecutivo de AVEVA explica que “se trata de comprender la oferta y la demanda en tiempo real, realizar pronósticos dinámicos y convertir esa información en decisiones que lleguen hasta el piso de producción, donde las personas operan los equipos y fabrican los productos”.

Ese cambio —de un control local a una capacidad de respuesta a escala de toda la red— está redefiniendo el concepto de operaciones industriales óptimas. Y en el centro de esta transformación se encuentran las tecnologías HMI (Interfaz Hombre-Máquina) y SCADA (Supervisión, Control y Adquisición de Datos).

Durante gran parte de su historia, estos sistemas tuvieron un único propósito: permitir a los operadores visualizar y controlar lo que ocurría dentro de una instalación. HMI es la interfaz que utilizan los operadores para supervisar y controlar los procesos industriales, mientras que SCADA recopila y distribuye datos en tiempo real provenientes de los activos físicos. Durante décadas, ambas tecnologías estuvieron limitadas a instalaciones individuales.

Eso comenzó a cambiar cuando la infraestructura industrial empezó a converger con las arquitecturas basadas en la nube que ya habían transformado otros sectores. Los sensores se volvieron más económicos, las redes más rápidas y la brecha entre la tecnología operativa (OT) y la tecnología de la información (IT) comenzó a cerrarse.

El resultado ha sido una evolución mucho más profunda. Hoy, la pantalla ya no muestra una sola planta, sino múltiples instalaciones distribuidas geográficamente. También integra patrones históricos, pronósticos en tiempo real e información de ingeniería junto con la operación diaria. Además de monitorear lo que sucede, el sistema proporciona el contexto necesario para comprender su impacto y decidir cuál debe ser el siguiente paso. Lo que antes requería días de análisis ahora puede resolverse en cuestión de minutos.

Las tecnologías HMI y SCADA están evolucionando para convertirse en la capa que conecta datos, aplicaciones y procesos a lo largo de toda la operación industrial, dejando de ser simplemente una interfaz de supervisión. Son el componente operativo que permite mantener la producción incluso cuando una instalación individual deja de funcionar.

Durante décadas, las empresas industriales optimizaron sus operaciones bajo principios de máxima eficiencia y cadenas de suministro justo a tiempo. Ese paradigma ha cambiado. Hoy, la capacidad de adaptación es el principal requisito para la supervivencia empresarial, y esa agilidad comienza con datos conectados y sistemas integrados.

Para los operadores que observan esas pantallas, la capacidad de visualizar toda la red industrial y responder de forma rápida, informada y flexible representa el futuro de la resiliencia en un mundo cada vez más incierto.

Cuando las cadenas de suministro se rompen, ganan quienes tienen visibilidad de todo, explica David Bleackley, Vicepresidente de Estrategia para Aplicaciones Avanzadas de AVEVA.

La economía mundial sigue en vilo. El estrecho de Ormuz —un punto estratégico por el que transita aproximadamente una quinta parte del petróleo que se consume diariamente en el mundo— continúa viéndose afectado por las tensiones geopolíticas.

Respecto de esta situación, David Bleackley, Vicepresidente de Estrategia para Aplicaciones Avanzadas de AVEVA, explica que “no se trata solo de energía: también es una arteria fundamental para el suministro de insumos químicos esenciales para la fabricación de plásticos, fertilizantes y productos industriales”.

Esto genera un efecto dominó en las cadenas de suministro, reduciendo los márgenes de industrias que van desde la producción química hasta la construcción, la agricultura y los bienes de consumo. “Al mismo tiempo, sanciones, aranceles o incluso simples anuncios de política comercial pueden dejar fuera de operación una refinería o una planta prácticamente de un momento a otro”, agrega el ejecutivo.

Una época de volatilidad

Desde la pandemia, las oscilaciones en los mercados energéticos, las tensiones comerciales y unas condiciones financieras más restrictivas se han convertido en parte del nuevo escenario económico mundial, configurando un sistema mucho más complejo e impredecible.

En este contexto, las arquitecturas operativas deben diseñarse asumiendo una disrupción constante. Las redes industriales deben ser capaces de reconfigurarse”, agrega David Bleackey.

Un instante una refinería está produciendo; al siguiente, deja de hacerlo. Y, en alguna sala de control al otro lado del mundo, un operador observa una pantalla intentando responder una pregunta para la que los modelos tradicionales de eficiencia nunca fueron diseñados: ¿y ahora qué?

Hoy, el éxito depende de mucho más que la eficiencia. El desempeño industrial está determinado por la rapidez y la flexibilidad con la que una organización puede redistribuir o absorber capacidad productiva. Si una cadena de suministro se interrumpe, ¿qué tan rápido puede una planta cambiar de proveedor? ¿Qué indican las proyecciones? ¿En qué otra fábrica puede trasladarse la producción?

El ejecutivo de AVEVA explica que “se trata de comprender la oferta y la demanda en tiempo real, realizar pronósticos dinámicos y convertir esa información en decisiones que lleguen hasta el piso de producción, donde las personas operan los equipos y fabrican los productos”.

Ese cambio —de un control local a una capacidad de respuesta a escala de toda la red— está redefiniendo el concepto de operaciones industriales óptimas. Y en el centro de esta transformación se encuentran las tecnologías HMI (Interfaz Hombre-Máquina) y SCADA (Supervisión, Control y Adquisición de Datos).

Durante gran parte de su historia, estos sistemas tuvieron un único propósito: permitir a los operadores visualizar y controlar lo que ocurría dentro de una instalación. HMI es la interfaz que utilizan los operadores para supervisar y controlar los procesos industriales, mientras que SCADA recopila y distribuye datos en tiempo real provenientes de los activos físicos. Durante décadas, ambas tecnologías estuvieron limitadas a instalaciones individuales.

Eso comenzó a cambiar cuando la infraestructura industrial empezó a converger con las arquitecturas basadas en la nube que ya habían transformado otros sectores. Los sensores se volvieron más económicos, las redes más rápidas y la brecha entre la tecnología operativa (OT) y la tecnología de la información (IT) comenzó a cerrarse.

El resultado ha sido una evolución mucho más profunda. Hoy, la pantalla ya no muestra una sola planta, sino múltiples instalaciones distribuidas geográficamente. También integra patrones históricos, pronósticos en tiempo real e información de ingeniería junto con la operación diaria. Además de monitorear lo que sucede, el sistema proporciona el contexto necesario para comprender su impacto y decidir cuál debe ser el siguiente paso. Lo que antes requería días de análisis ahora puede resolverse en cuestión de minutos.

Las tecnologías HMI y SCADA están evolucionando para convertirse en la capa que conecta datos, aplicaciones y procesos a lo largo de toda la operación industrial, dejando de ser simplemente una interfaz de supervisión. Son el componente operativo que permite mantener la producción incluso cuando una instalación individual deja de funcionar.

Durante décadas, las empresas industriales optimizaron sus operaciones bajo principios de máxima eficiencia y cadenas de suministro justo a tiempo. Ese paradigma ha cambiado. Hoy, la capacidad de adaptación es el principal requisito para la supervivencia empresarial, y esa agilidad comienza con datos conectados y sistemas integrados.

Para los operadores que observan esas pantallas, la capacidad de visualizar toda la red industrial y responder de forma rápida, informada y flexible representa el futuro de la resiliencia en un mundo cada vez más incierto.